Diario de un viejo novato

En esta profesión, la enfermería, nunca dejas de aprender. El día que lo haces, estás muerto. Por otro lado, y aunque parezca mentira, nunca dejas de volver a ser un novato, y esta vez me ha tocado a mí.

Seguro que te suena la siguiente situación: empiezas en un servicio en el que nunca has trabajado, con gentes que no conocías y con formas de trabajar muy diferentes a las que estabas acostumbrada a seguir. Desgraciadamente, el tema de las bolsas de trabajo de enfermería, y el de las especialidades, es para dar de comer aparte. Son incontables las consultas de profesionales con la carrera recién terminada que no saben qué hacer con su vida profesional.

¿De qué te sirve cursar un máster en Paciente Crítico, si al mes siguiente te van a llamar a trabajar en un centro de salud? ¿De qué sirve hacer la especialidad de enfermería comunitaria, si después siguen llamando a enfermeras generalistas para trabajar en ese ámbito? Estas y otras muchas preguntas son las que, día a día, se plantea la gente que ha terminado la carrera recientemente.

Bueno, dejo aparte las reflexiones de “enfermera-abuelo-cebolleta”, que me voy por las ramas. A lo que íbamos, esta semana, después de 11 años trabajando en cuidados intensivos, me ha tocado a mí ser “el novato”, con el plus añadido de venir de otro sitio y con un cargo intermedio.

Después de 11 años en el mismo servicio, llega un momento en el que, queriendo o sin querer, te acomodas. Ir a trabajar se convierte en una rutina. Sí, en ocasiones emocionante, con sus más y sus menos, pero no deja de ser una rutina. Puedes seguir formándote y aprendiendo pero siempre vas a tener el hándicap de trabajar en el mismo sitio. Al igual que viajar, trabajar en otros sitios hace que tu mente se abra, ver otras realidades, aprender nuevas técnicas y conocer gente. Así que cuando, de repente, te surge la oportunidad de trabajar en otro servicio similar al tuyo pero de un hospital grande, ¿qué haces? Pues tirarte de cabeza.

Si bien no pretendo pegarte “la parva” con un diario, sí me gustaría tratar de visibilizar esta situación, por la que tantas enfermeras pasan a lo largo de sus carreras profesionales.

El aterrizaje en un nuevo servicio no es nada fácil. No es nada fácil dejar de trabajar en un servicio con gente maravillosa, a los que ya consideras tu segunda familia. No es nada fácil despedirte de compañeros de taquilla que son, a su vez, amigos, y casi hermanos. No es fácil empezar a trabajar en un servicio nuevo.

No es fácil, de repente, sentir que no controlas las situación: no sabes dónde están las cosas, cómo funciona la unidad, cómo se cargan las perfusiones o cómo son los turnos.

No es fácil trabajar a casi 100 km de distancia cuando antes vivías a 2 km de tu hospital.

No es fácil  conocer a tantas personas nuevas, aprender sus nombre y darte a conocer.

No es fácil trabajar en un servicio grande que atiende a un número elevado de pacientes.

Esto es salir de la zona de confort por la puerta grande, y las enfermeras, desgraciadamente, sabemos mucho de este tema.

Tratas de devorar todos los libros de gestión, liderazgo y trabajo en equipo que caen en tus manos. Buscas post de referentes en gestión sanitaria y tratas de empaparte de ellos. Te sientes muy arropado por tus superiores, que confían en ti y en tu trabajo, pero así y todo… no es fácil. Pero como todo en esta vida, lo que realmente merece la pena es aquello que nos cuesta un esfuerzo, por lo que tenemos que sudar para conseguirlo.

Nadie dijo que fuera fácil, pero merece la pena. Así que no queda otra que ponernos el traje de “novato”, respirar hondo y… ¡al lío!

Pablo Sánchez – Enfermería tecnológica

Para consultar la publicación original, puede acceder al siguiente enlace.

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