El papel de los enfermeros ante la hemodiálisis

Rosa Mª Royo es enfermera de hemodiálisis en la Fundación Hospital de Calahorra (FHC), ubicada en La Rioja. El centro ha puesto en marcha una consulta de Enfermería, con una profesional de referencia, para los pacientes que estén recibiendo tratamientos dialíticos. Desde su experiencia en este servicio, Royo nos habla de la enfermedad renal crónica, la labor enfermera en este ámbito de la profesión y de la importante función en educación para la salud que lleva a cabo el personal de Enfermería.

Pregunta. ¿Cuáles son las funciones principales de los profesionales enfermeros de hemodiálisis? ¿Qué técnicas de Enfermería hay que seguir para cuidar a un paciente en este tipo de tratamiento?

Respuesta. La enfermera en hemodiálisis es la piedra angular del tratamiento, no solo como ejecutora del tratamiento dialítico y farmacológico que pauta el nefrólogo, sino como profesional activo encargado de que dicho tratamiento sea lo más eficaz posible y de que el paciente se sienta cómodo.

Entre las funciones de los profesionales enfermeros de hemodiálisis se describe una parte tecnológica imprescindible para el desarrollo de la diálisis: montaje y desmontaje de monitores, control de aguas, flujos, datos o conocimientos informáticos y técnicos de las máquinas que intervienen en el tratamiento. También se incluyen aspectos técnicos enfermeros, como punción de las venas fistulizadas, tomas de constates vitales, manipulación de catéteres venosos centrales (CVC), vigilancia de signos y síntomas, atender y solucionar complicaciones, así como recogida de muestras y administración de medicación por las diferentes vías según las prescripciones facultativas.

Además, contamos con una función independiente, propiamente enfermera, basada en el cuidado holístico e integral del paciente: realizamos una valoración de las necesidades del mismo; le proporcionamos educación sanitaria y apoyo emocional, familiar y, en ocasiones, social; valoramos el nivel de conocimiento que el paciente tiene de la enfermedad y de su tratamiento farmacológico, dietético y dialítico, lo que es esencial para realizar una adecuada instrucción y educación sanitaria de todos estos aspectos.

El día a día en nuestra unidad de hemodiálisis es una rutina cambiante, en la que en cada momento surgen actividades diferentes por la variabilidad de personas, monitores, técnicas dialíticas, tratamientos… que hacen que nuestro trabajo sea dinámico, creativo y especial.

P. ¿Existe algún método de prevención o de educación para la salud encaminado a que los pacientes puedan evitar este tratamiento? ¿Qué eficacia tienen dichos métodos?

R. En la enfermedad renal crónica (ERC), el deterioro de la función de los riñones siempre es progresivo y dependerá de muchos factores, como la etiología de la enfermedad, la pluripatología que acompañe a la ERC, o el estilo de vida y los hábitos del paciente.

No hay tratamiento ni terapia que cure la enfermedad, pero sí hay actuaciones que pueden enlentecer el deterioro y retrasar el inicio de los tratamientos sustitutivos. En este sentido, en estadios iniciales de la ERC es importante llevar una dieta baja en proteínas y en sal, un adecuado control de la tensión arterial (TA) y de la glucemia, sobre todo en las personas con diabetes, tener una buena hidratación, tanto en cantidad como en calidad, adquirir conocimientos sobre medicamentos neurotóxicos y sobre su administración controlada, así como el correcto control de las patologías asociadas.

P. ¿Qué papel tienen los profesionales enfermeros en dicha prevención y educación para la salud?

R. Para enseñar todas estas medidas, la mayoría de ellas muy relacionadas con modificar hábitos de vida y conductas del paciente, están las enfermeras, que son las conocedoras del tema y están formadas para realizar educación sanitaria e instruir a los pacientes y sus familias en el funcionamiento de los riñones y las consecuencias que provoca el deterioro de estos.

Además, esta labor también incluye enseñar las recomendaciones adecuadas para cada estadio de la enfermedad y prepararlos para la aceptación de la inevitable progresión de su dolencia, hasta la pérdida total de función, cuando se requerirá tratamiento renal sustitutivo (TRS).

En nuestro hospital, desde hace años contamos con una consulta enfermera de enfermedad renal crónica avanzada (ERCA) para iniciar esta educación sanitaria en estadios tempranos de la patología, y para ayudar a los pacientes y su familia a tomar decisiones sobre su enfermedad.

P. Desde su experiencia como enfermera, las enfermedades renales que requieren la hemodiálisis para su tratamiento, ¿afectan de forma más significativa a un sector poblacional concreto?

R. La ERC es una de las enfermedades más frecuentes actualmente en la sociedad. En 2017 la Sociedad Española de Nefrología (SEN) publicó que esta afectaba aproximadamente al 10% de la población adulta española y a más del 20% de los mayores de 60 años (según datos del estudio EPIRCE). Además, señalaba que seguramente estuviera infradiagnosticada. A esto añadía que en pacientes seguidos en Atención Primaria con enfermedades tan frecuentes como la hipertensión arterial (HTA) o la diabetes mellitus (DM), la prevalencia de ERC podía alcanzar el 35-40%.

Con estos datos podemos describir la imagen de las salas de hemodiálisis, viendo una población generalmente mayor de 60 años y con complicaciones vasculares asociadas a la HTA y la diabetes y, por lo tanto, con cierto grado de dependencia.

P. Recientemente, la Fundación Hospital de Calahorra incorporó una consulta enfermera en hemodiálisis, ¿cómo surgió este proyecto? ¿Qué objetivos se plantearon con su puesta en marcha? ¿Cómo están respondiendo al tratamiento?

R. En nuestro servicio de diálisis de la FHC la panorámica de la sala de hemodiálisis es similar a los datos generales que aporta la SEN. Atendemos a una población envejecida, con pluripatología, con complicaciones vasculares que muchas veces precisa más del arte de un buen cuidado que de una excelente terapia sustitutiva dialítica.

Estos pacientes necesitan de una atención global. Vienen a hemodiálisis por su ERC, pero les acompaña su problema de movilidad, incontinencia, estreñimiento, obesidad o desnutrición, soledad, incumplimiento del tratamiento, ansiedad y temor, heridas, úlceras u otro tipo de complicaciones derivadas de esa pluripatología. Por esto, necesitan de un profesional enfermero que actúe en todas esas necesidades.

Además, cada vez es más frecuente que estos pacientes no cumplan adecuadamente su régimen terapéutico. Suelen ser personas añosas, muchas veces con déficit auditivos y visuales, con numerosos fármacos pautados, y con frecuentes modificaciones en las dosis, que cuentan con unos hábitos y una cultura alimentaria muy establecidos y, en muchas ocasiones, además, con limitaciones en la masticación, la deglución o la elaboración de las comidas o de compra de los alimentos.

Para ello en la hemodiálisis de la FHC pensamos en crear una consulta de Enfermería, con el objetivo de prestar un cuidado más individualizado al paciente. Además, se ha elaborado y adaptado un cuestionario de valoración de Virginia Henderson, informatizado, que recoge las necesidades de los afectados, y se ha incluido en la aplicación informática del hospital (SELENE), en la que los enfermeros pueden registrar la valoración individualizada de cada paciente y pueden iniciar las actuaciones adecuadas y multidisciplinares si se observan alteraciones o modificaciones.

Con esta consulta se consigue dedicar el tiempo y la intimidad al paciente que la actividad de la sala de hemodiálisis habitualmente no permite. Se ha incluido a todas las personas en tratamiento con hemodiálisis de nuestro hospital, repartidas por cupos entre las enfermeras de plantilla de la unidad. De esta forma, el paciente y su familia siempre tienen una enfermera referente encargada de la valoración de sus necesidades, de su educación sanitaria, del control de su régimen terapéutico y que le sirve de enlace con otros profesionales.

La implantación de esta actividad es tan reciente que todavía no podemos aportar datos objetivos, pero sí que percibimos satisfacción en los pacientes y sus familiares, que se sienten más partícipes de su proceso y tratamiento, a la vez que más seguros al tener un profesional de referencia que individualiza su atención.

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