Humanización de la enfermería

Hace unos meses viví con una compañera enfermera una experiencia que me dejó vacía por dentro y quisiera compartir este sentimiento con el resto de la comunidad enfermera.

Esta profesional me hizo un comentario acerca de una paciente; una señora mayor de unos 80 años, viuda hace 20 años y que vivía sola hacía 15; hasta aquí todo podemos decir que normal.

Se le realizó la valoración enfermera y las distintas deficiencias salieron a relucir de inmediato. Esta paciente ingresaba por una caída casual en la calle y el diagnóstico era una fractura de fémur izquierdo. Su autonomía, hasta ahora bendita, se iba por los suelos.

Pasaron varios días y la señora cada día estaba más abúlica, triste y depresiva. Las visitas del único hijo que tenía eran escasas y cortas. Varias veces esta compañera observó que la comunicación entre el hijo y la madre eran nulas y cuando se despedían el semblante de la paciente se envolvía en un vacío absoluto.

Hacía poco tiempo que se había implantado en nuestra unidad un programa informático de gestión de cuidados y todavía no estaba dominado por el equipo, por lo que se dedicaba mucho tiempo a mirar el ordenador y no a nuestros pacientes, craso error.

A los pocos días de su ingreso fue intervenida quirúrgicamente y el postoperatorio fue correcto en un principio. El problema vino después, cuando se le comentó que debía hacer reposo y rehabilitación en un centro sociosanitario, aquí se le vino el mundo abajo.

Ella, que siempre había sido una mujer independiente, autónoma, que había manejado perfectamente su vida, se desmoronó. No quería hablar con nadie, casi no comía, apenas musitaba palabra. Su hijo tampoco arreglaba la situación y el equipo de enfermería estaba muy preocupado por insertar bien los planes de cuidado en el aplicativo informático.

Fue entonces cuando mi querida compañera, profesional de los pies a la cabeza y cuidadora a pie de cama, inició una estrategia ganadora de resultados. Dejó los planes estandarizados, olvidó el ordenador en el control de Enfermería y revivió en la habitación de la paciente las vivencias de esta, sus anhelos, sus dudas, sus temores, sus escasas alegrías, su convivencia diaria. Vivió su empatía de una forma que hacía años que yo no sentía.

Yo a este proceso lo denominé: humanizar la Enfermería actual. Hacía tiempo que no sentía este concepto en mi hospital y la verdad es que te hace reflexionar sobre los valores humanos.

Mi compañera, a la que le faltaban cinco años para jubilarse, volvió a reencontrarse con los pilares de nuestra querida profesión: respeto, empatía, cuidado y acompañamiento. Todos ellos no se pueden desarrollar ante una pantalla, sino que se han de vivir con el trato, el contacto, el tú a tú de cada día.

Nuestra paciente marchó al centro a recuperarse y, antes de su ida, le comunicó a mi amiga que durante su estancia en el hospital estuvo bien atendida por el equipo médico y enfermero, pero que el único contacto de una mano amiga lo tuvo con mi compañera; porque si es verdad que otras manos la habían tocado, solo había sido para tomar la tensión arterial, canalizar una vía y poco más.

Ya ven ustedes, tanta especialización, tantas técnicas y solo bastó un contacto humano desinteresado, una escucha atenta y solidaria, un ponerse en el lugar del otro para que una persona se abriera y sintiera que no estaba sola. Esta solitud la presentan muchos de nuestros enfermos y yo como profesional y usuaria me gustaría tener, si algún día me ingresasen por alguna enfermedad, una enfermera a la que le faltan cinco años para jubilarse, porque de seguro estaría bien atendida, acompañada y respetada.

Las reflexiones a las que he llegado con todo este relato son personales e íntimas, pero desde luego me han supuesto un antes y después en mi carrera personal y profesional.

Siempre se pueden mejorar nuestras acciones, y en nuestro campo es esencial. Me acuerdo de una frase que decía mi madre: “una mano, una caricia y un lenguaje tierno arreglan muchas enfermedades del alma”. ¡Qué razón tenías, mamá!

Bernal Pérez F. Humanización de la Enfermería. Metas Enferm dic 2017/ene 2018; 20(10): 79-80

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *