La Enfermería de Salud Mental y la integración del paciente en la sociedad

Como cada 10 de octubre desde 2002, hoy se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, gracias a la iniciativa de la Federación Mundial de la Salud Mental. El objetivo que persigue esta jornada es concienciar a la población y dar visibilidad a la detección, los cuidados y la prevención de este tipo de dolencias. En España, esta conmemoración se celebre bajo el lema «Trabajar sin máscaras. Emplear sin barreras», y por ello, en el Diario DICEN, dedicamos un reportaje especial a esta fecha, centrado en una de las patologías con mayor incidencia: la esquizofrenia. 

La esquizofrenia, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta de manera global a más de 21 millones de personas. Un estudio elaborado por la Universidad de Barcelona, en colaboración con el Hospital Clínico de la Ciudad Condal, revela que en España existen más de medio millón de personas que tienen este trastorno; en este sentido, en el XXXIV Congreso Nacional de Enfermería de Salud Mental se ha ampliado esta cifra a 600.000 personas que presentan criterios diagnósticos de esquizofrenia.

La esquizofrenia es una enfermedad mental crónica, calificada como trastorno grave, que suele aparecer en la adolescencia o en la primera madurez, cuya sintomatología se caracteriza por la distorsión del pensamiento, la existencia de delirios; de la percepción (llegando a causar alucinaciones), del lenguaje, de las emociones, presentando aplanamiento, embotamiento afectivo y de la conducta, que se traduce en comportamientos erráticos o incluso en la dejadez de la higiene personal.

“El estigma es muy fuerte todavía”, así resumen desde la Fundación de la Asociación Salud y Ayuda Mutua (ASAM) el día a día de los enfermos de esquizofrenia en la sociedad. La Fundación ASAM (@FundacionASAM) es una organización de apoyo a los afectados y a sus familiares que lleva funcionando más de 25 años con financiación tanto propia como pública y privada. Su principal objetivo, según cuentan, es que “la enfermedad mental deje de ser invisible y las administraciones tengan en cuenta las necesidades de estas personas”.

La asociación revela el largo camino que queda aún por recorrer en el ámbito de la inclusión, sobre todo laboral, de las personas que padecen este trastorno, llegando a afirmar que es incluso más difícil que para los que sufren otras discapacidades. La razón fundamental que nos dan desde ASAM es la falta de información, el desconocimiento que rodea la esquizofrenia.

Visibilización de la enfermedad

“No existe una inclusión real de las personas con enfermedad mental”. De esta forma ilustran en la fundación la falta de integración que los enfermos de esquizofrenia padecen hoy en día, destacando que lo necesario para dar visibilidad a este trastorno e informar correctamente sobre él serían, según sus propias palabras, “más campañas de sensibilización y un tratamiento diferente por parte de los medios de comunicación, en el que se deje de asociar la violencia y la agresividad con la enfermedad mental”.

A pesar de que se han aumentado los recursos disponibles para tratar esta patología, aún hay un gran número de ellos que no tienen acceso a dichos recursos. Así, desde ASAM relatan que una de las principales medidas que reclaman es un incremento de los mismos, dada la situación de muchos de los enfermos, que “viven acompañados por sus padres, que suelen ser personas muy mayores y no se sabe qué va a ocurrir con ellos cuando estos fallezcan: esta es una de las mayores preocupaciones que tienen nuestros socios. Todavía queda mucho por hacer”.

La Enfermería de Salud Mental

Para conocer la labor que los profesionales de Enfermería especializados en Salud Mental tienen en el tratamiento de estas enfermedades, hemos entrevistado a Patricia Lana Elola, enfermera de la Unidad de Salud Mental Santa Cruz-Salamanca, del Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria, en Santa Cruz de Tenerife.

Patricia cuenta que la principal función de los enfermeros en estos casos de trastorno es el acompañamiento y el cuidado del paciente “a lo largo de todo el proceso” de su enfermedad, recalcando que en periodos agudos del desarrollo de la esquizofrenia, cuando este requiere incluso el ingreso hospitalario, los enfermeros llegan a convivir las 24 horas del día con el paciente. Según nos cuenta, “también es fundamental en el inicio de una buena adherencia al tratamiento, a través de una educación sanitaria clara y cercana. En este sentido, uno de los principales problemas con que se encuentran los profesionales es la falta de dicha adherencia; así, tanto desde ASAM como Patricia coinciden en señalar la ausencia de conciencia de enfermedad y los efectos secundarios del tratamiento, como las principales causas de este hecho. Factores a los que la enfermera entrevistada añade “la falta de apoyo de su entorno y la carencia de un seguimiento cercano por parte del equipo de Salud Mental”.

Los enfermeros de Salud Mental se convierten en los profesionales de referencia para los afectados de esquizofrenia dado que se establece una relación muy estrecha entre ambos. “En la mayor parte de los casos el paciente es tratado con neurolépticos depot, por lo que la administración del mismo en las unidades de esta especialidad se convierte en una consulta de seguimiento frecuente que permite controlar estrechamente la evolución de la enfermedad: se detectan y corrigen posibles síntomas de recaída, se promueve la salud integral del paciente, se cuida de su entorno sociofamiliar, sus hábitos de vida… esto tranquiliza mucho a las familias, porque saben que un profesional especializado cuida del paciente”, concluye Patricia.

Educación para la salud

“El profesional enfermero es el elemento más cercano al paciente y a su familia, y así nos hacemos ver”, cuenta Patricia. “Los enfermeros, a través del profundo conocimiento que tienen del enfermo y su entorno, son capaces de detectar cualquier cambio en él que indicase que la sintomatología crónica y personal de cada paciente está impactando en su día a día”.

De esta forma, esta profesional destaca el papel que tiene en cuanto a la educación para la salud, que cuenta con “una visión holística, global, del paciente e incluye la educación para la salud física”.

La educación sanitaria se fundamenta en cuatro pilares: la información sobre el tratamiento, la resolución de dudas, la detección de posibles efectos secundarios y el refuerzo de los logros. Así, “si conseguimos la cooperación del paciente en la correcta toma del tratamiento y fomentamos un entorno y unos hábitos adecuados es probable que la evolución de la esquizofrenia sea mucho más favorable. Cada abandono del tratamiento, cada recaída, conlleva la sintomatología tanto positiva, como negativa que complica el pronóstico y la calidad de vida”, afirma Patricia.

La educación para la salud que ofrecen los enfermeros se amplía, a su vez, a los familiares de los pacientes, ya que su cuidado se lleva a cabo, en muchos casos, hasta el “85%, que vive solo o con su familia de origen”, según explica Patricia, en su entorno. En este aspecto, coincide con las declaraciones de la Fundación ASAM, que nos relata que “la familia es el cuidador principal de la persona con enfermedad mental y, como tal, sufre el consiguiente desgaste tanto físico como emocional”.

Las repercusiones de la esquizofrenia

Este trastorno suele coexistir con comorbilidades físicas. Las circunstancias sintomatológicas que caracterizan esta enfermedad “como la clinofilia, la falta de impulso a la actividad, el aislamiento social y, en ocasiones, la intensificación de la sintomatología autorreferencial cuando están en la calle, así como la mayor incidencia del tabaquismo, el abuso de café u otros estimulantes entre los pacientes y la presencia de efectos secundarios de algunos psicofármacos, hacen que los pacientes con esquizofrenia presenten con mayor incidencia patologías cardiovasculares y metabólicas. El Programa de Salud Física de la Unidad de Salud Mental en el que trabaja Patricia reveló, según nos cuenta, que “el 27% tenía un RCV alto/muy alto (riesgo cardiovascular según Framingham), el 34% presentaba síndrome metabólico y el 43% presentaba obesidad (IMC >30)”.

Por último, esta enfermera destaca la importancia del diagnóstico temprano a la hora del tratamiento, ya que podrá alcanzarse un mayor grado “de recuperación funcional y clínica y habrá menos rezago en la adquisición de habilidades y desarrollo cognitivo. Por otro lado, la demora en el diagnóstico y la presencia de varias crisis se relacionan con la posibilidad de mayor deterioro de funciones como la atención, concentración, el ánimo o la afectividad”, concluye.

El trabajo de los profesionales

“Se estima que la esperanza de vida de una persona con esquizofrenia es un 20% menor que la de la población general. La calidad de los años vividos se ve muy comprometida por la pobreza, que azota especialmente a estos pacientes”, afirma Patricia. Los escasos recursos económicos de los que disponen los enfermos repercuten en su dieta, que suele ser poco variada. “A esto hay que sumar la falta de conocimientos propios y la escasez de recursos de rehabilitación que suplan estas carencias”, destaca esta enfermera, en consonancia con lo que relatan desde ASAM cuando recalcan que “las enfermedades mentales graves y las personas que las padecen son percibidas por la sociedad con cierto prejuicio. Y realmente son enfermedades desconocidas, tanto en su sintomatología, como en su evolución y tratamiento”.

Por todo ello, el papel, tanto de asociaciones como ASAM como de los profesionales enfermeros, es, como se ha visto, fundamental en el tratamiento de trastornos mentales graves, como es el caso de la esquizofrenia.

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