El papel de la enfermería en la violencia de género

Desgraciadamente, la violencia de género es un tema que está continuamente de actualidad, y por lo tanto afecta a todos los ámbitos de la sociedad. Este año comenzó con las cifras de mujeres asesinadas más elevadas desde 2008, con 31 casos hasta el pasado mes de julio.

Para conocer la perspectiva de un profesional enfermero hemos entrevistado a Irene Agea, matrona en la Unidad de Gestión Clínica de Obstetricia y Ginecología del Hospital de Úbeda, en Jaén, y experto universitario en Malos Tratos y Violencia de Género por la UNED.

Nos habla del trabajo de enfermería en estos casos, sobre los protocolos de actuación que se deben seguir, la importancia de la prevención desde la adolescencia y de la sensibilización y concienciación de la población sobre la violencia de género.

Pregunta: ¿Qué papel tienen los profesionales enfermeros en la detección de casos de violencia de género?

Respuesta: Los profesionales sanitarios tenemos una gran responsabilidad en la detección y actuación en los casos de violencia de género. Detectarlo de forma precoz nos va a permitir realizar una intervención temprana, algo que es fundamental en estos casos. La mayoría de las mujeres, en algún momento de su vida, acuden a urgencias, consultas, o por el cuidado de hijos y personas mayores. Además, cuando una mujer sufre violencia de género, suele acudir con mayor frecuencia a los servicios sanitarios, en particular a Atención Primaria, Urgencias, Obstetricia y Ginecología y Salud Mental.

La relación de cuidado que se establece entre enfermeros y pacientes nos permite valorar de forma integral a la persona, su entorno familiar y social. La atención domiciliaria de enfermería se convierte en una oportunidad para la detección precoz.

No obstante, en cualquier contacto con la paciente se puede, y se debe, explorar indicadores de sospecha de maltrato y actuar en consecuencia.

P.: ¿Qué pautas debe seguir un enfermero cuando detecta uno?

R.: Cuando un profesional de enfermería realiza la anamnesis, o entrevista, y detecta la presencia de indicadores de sospecha, se debe poner en marcha el Protocolo de Actuación en Violencia de Género de su área sanitaria.

En primer lugar se hace una valoración integral de la paciente, anotando en su historia clínica las iniciales ISMT (Indicador Sospecha Malos Tratos) o CMT (Confirmación Malos Tratos), según el caso.

Debemos informar a la mujer sobre derechos y recursos, respetando la decisión de denuncia, para ello, las habilidades de comunicación y los conocimientos sobre las fases del proceso del cambio, nos ayudarán a realizar una intervención correcta.

El siguiente paso sería valorar la seguridad y el riesgo de la mujer en ese momento, si reconoce o no sufrir malos tratos y si se encuentra en peligro extremo. Es importante saber que si constatamos una situación objetiva de riesgo para la mujer, tenemos la obligación de poner en conocimiento del poder judicial tanto los casos de ISMT como de CMT, independientemente de que la mujer realice la denuncia o no.

Todo este proceso se lleva a cabo desde la coordinación con Trabajo Social y otros servicios implicados.

P.: ¿Existe un protocolo para cuando se produce una agresión?

R.: Sí, existen protocolos a nivel estatal como el Protocolo Común para la Actuación Sanitaria ante la Violencia de Género, de 2012, y los desarrollados por los Servicios de Salud de las Comunidades Autónomas.

En Andalucía contamos con el Protocolo Andaluz para la Actuación Sanitaria ante la Violencia de Género, de 2015, para su aplicación en el ámbito de los servicios de urgencias.

Por lo general, cuando se produce una agresión, los enfermeros actúan como parte del equipo sanitario, dando apoyo emocional y psicológico a la víctima, realizando de forma conjunta la valoración, exploración, el tratamiento de las lesiones, etc.

En el caso de agresión sexual suele ser necesaria la toma de muestras y se debe valorar el tratamiento y profilaxis de infecciones de transmisión sexual y la profilaxis del embarazo.

Los protocolos sanitarios se suman a los propios de los cuerpos y fuerzas de seguridad y judiciales, para tratar de dar una respuesta global a este grave problema.

P.: ¿Hay algún procedimiento que los enfermeros puedan seguir para prevenirlas?

R.: La violencia de género es un gran problema de salud pública, que requiere de políticas eficaces desde todos los ámbitos de la sociedad, del que la enfermería también es partícipe. Si hablamos de prevención primaria sería necesario conseguir un cambio en el  modelo social de manera que se igualen los derechos de los ciudadanos. Para ello, la enfermería cuenta con herramientas como la educación para la salud, que en el ámbito comunitario podemos dirigir a todos los sectores de la población, especialmente la infancia y adolescencia. En el caso de embarazadas, las matronas deben incluir en la educación maternal temas sobre género e igualdad en la que hagan partícipes a ambos progenitores.

La prevención secundaria y terciaria pasa por mejorar la respuesta institucional frente a los casos de violencia de género. Como he comentado anteriormente, la detección precoz es fundamental y la enfermería tiene un lugar privilegiado por su propia labor asistencial que le permite acceder al entorno familiar y social de la mujer y mediante la relación de cuidados.

P.: ¿Su implicación en casos de violencia de género es mayor o menor que la de otros profesionales sanitarios?

R.: Eso es algo que no puedo valorar, me imagino que las dos cosas a la vez. Lo que sí puedo afirmar es que mi implicación es mayor que la que tenía hace unos años. Considero que es un proceso personal en el que uno empieza a ser consciente del problema y de su magnitud cuando nos enfrentamos a ello por primera vez, cara a cara. A partir de ahí uno dice «es verdad, esto pasa y es muy grave». Hay quien dice que cuando te pones las gafas del género ya no te las puedes quitar.

P.: ¿Qué formación deben tener los enfermeros para detectar y tratar estos casos?

R.: La violencia de género debe ser un tema transversal en la formación de los enfermeros y sus especialidades. El conocimiento del fenómeno de la violencia de género, las causas, formas de violencia, mecanismos, consecuencias… nos permitirá identificar los signos, síntomas y conductas que son indicadores de violencia de género. Es necesario igualmente conocer las fases del proceso de cambio y seguir las recomendaciones de actuación, utilizando habilidades relacionales.

En el ámbito asistencial, necesitamos conocer los protocolos de actuación sanitaria ante la violencia de género de nuestro centro de trabajo, conocer los recursos disponibles para la atención integral a la mujer en situación de maltrato y sus derechos. La formación continuada en violencia de género nos puede aportar herramientas para mejorar la intervención con estas mujeres.

Por otra parte, considero que la formación en técnicas de investigación cualitativa abre una puerta a la enfermería que, en los casos de violencia de género, puede ser de gran utilidad para seguir avanzando en el conocimiento sobre el tema.

P.: Cómo enfermera, ¿ha tratado algún caso? ¿Puede contarnos su experiencia?

R.: Mi primer contacto fue en el contexto de una investigación cualitativa, donde pude entrevistar a mujeres mayores de 65 años víctimas de violencia de género. Aprendí mucho de ellas y esta experiencia sirvió para sensibilizarme con el tema más aún y despertar mi inquietud por seguir aprendiendo.

Un caso que recuerdo especialmente fue el de una embarazada que atendí en la consulta de matrona, por sus circunstancias personales: sin trabajo, pocos recursos, un hijo en camino y con un proyecto de vida en común con una persona que la maltrataba. Ciertamente era un mal escenario, pero era evidente el maltrato y hubo que activar el protocolo.

P.: ¿Hay un sector poblacional que sea más vulnerable a la violencia de género?

R.: Sí, las mujeres con discapacidad, las del ámbito rural, las mayores y las mujeres inmigrantes son más vulnerables a la violencia de género. Del mismo modo, mujeres en situaciones especiales de trata y prostitución o con alto riesgo de mutilación genital femenina, precisan de una atención especial.

En muchos casos las limitaciones físicas, del idioma, de accesibilidad, son condicionantes que sitúan a la mujer en una situación de vulnerabilidad.

P.: Actualmente se está viviendo un repunte de violencia de género en los jóvenes. De hecho, de acuerdo con el último Estudio de la Percepción de la Violencia de Género en la Adolescencia se señala que el 33% de los encuestados normalizaba vigilar o controlar los horarios de la pareja. ¿Cuál es su opinión profesional? ¿A qué cree que se debe este hecho?

R.: Las políticas de sensibilización mediante información, educación en los centros escolares, que se han llevado hasta el momento no han sido eficaces. Y si esto pasa, habrá que replantearse de nuevo el tema. Bajo mi punto de vista, debemos empezar por la investigación.

Hemos avanzado en el conocimiento de los mecanismos que hacen perdurar la violencia de género generación tras generación, sabemos que el maltratador obtiene beneficios de la relación violenta, que en adolescentes el modelo de amor romántico puede contribuir a la violencia en la pareja, por ejemplo. Pero ¿por qué se acepta o está bien vista?

Se hace necesario educar en la igualdad, poniendo ejemplos reales y comprensibles para los adolescentes. Romper mitos y normas sobre roles de género impuestos.

P.: Según su experiencia, ¿está la población realmente concienciada con la violencia de género?

R.: Aunque parezca increíble, aún hay gente que considera que la violencia de género es una cuestión privada, posiblemente porque no conocen en profundidad de qué se trata.

Históricamente se han establecido relaciones de poder del hombre sobre la mujer que perduran en el tiempo. Una mujer maltratada es sometida a la voluntad de su pareja y pierde su dignidad y libertad como derechos fundamentales y, en última instancia, el derecho a la vida. Pero esto no sucede de un día para otro, seguramente entonces la mujer abandonaría inmediatamente la relación.

Es de forma progresiva y casi sin darse cuenta que la mujer se ve dominada y subordinada a su agresor, que le ha arrebatado sus recursos personales para poder abandonar la relación. Y lo que es aún peor, la mujer tiende a sentirse culpable de la agresión atendiendo al rol impuesto. La complejidad de este fenómeno dificulta su erradicación, por lo que es necesario seguir trabajando al respecto.

P.: ¿Cómo se podría visibilizar más este problema? ¿Qué papel tienen los profesionales enfermeros en dicha visibilización?

R.: Bajo mi punto de vista, como enfermeros nos tenemos que sensibilizar ante el problema mediante la formación y la participación activa en el tema, por ejemplo mediante redes de apoyo, charlas, etc. En la práctica diaria y en la investigación, incluir la perspectiva de género nos ayudará a mejorar nuestra atención con respeto a las diferencias e igualdad.

En nuestra labor docente, dar a conocer al personal sanitario las consecuencias de la violencia contra las mujeres en su estado de salud, así como las consecuencias sobre el desarrollo físico, psicológico y social de los hijos que viven en relaciones de violencia de género.

La enfermería tiene un papel fundamental en dar visibilidad a las mujeres más vulnerables, con dificultades en el acceso a servicios de apoyo por limitaciones físicas o psíquicas. Especialmente en aquellos casos en los que la mujer no reconoce la situación de maltrato, no tienen apoyo familiar y/o social y no se produce la toma de decisiones para salir de la relación de violencia de género.

P.: ¿Qué medidas se deberían tomar, por parte de las Instituciones y asociaciones, para erradicar la violencia de género?

R.: A nivel estatal y autonómico se han desarrollado estrategias, planes de actuación, protocolos, desde el ámbito judicial, empleo y seguridad social, salud, servicios sociales y como no Igualdad. Las medidas van dirigidas principalmente  a la sensibilización de la población en general, pero también a profesionales de los distintos ámbitos, porque no olvidemos que la violencia de género es un fenómeno que se produce en cualquier ámbito de la sociedad.

En este sentido, la Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, marcó el camino de actuaciones posteriores como la modificación de la Ley Orgánica de Régimen electoral general, a partir de la cual las listas de candidaturas a todos los órganos de representación ciudadana debía ser paritaria, es decir, el mismo número de hombres que de mujeres. Esta medida es fundamental para que la mujer participe en la toma de decisiones de la vida política y social y se puedan producir cambios en este sentido.

La igualdad en el trato y el respeto son la base de la convivencia en democracia, para ello se necesitan políticas de igualdad de oportunidades reales, promover la relación entre los sexos como relación entre iguales y el empoderamiento de la mujer como ciudadanas de pleno derecho, actoras en la toma de decisiones en todos los ámbitos de la vida pública y privada.

Hay que reconocer todos los esfuerzos que desde administraciones públicas, medios de comunicación, asociaciones y ciudadanía en general se están realizando. En esta lucha estamos todos. Modestamente creo que el camino es el cambio a un modelo social de respeto e igualdad.

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