La historia de María (y de su esclerosis múltiple)

Después de recibir el diagnóstico, María sorprendió a todos con su actitud.

Desde el primer minuto reflejaba una gran entereza, aparentemente encajó muy bien aquellas palabras, “usted tiene esclerosis múltiple”.

Cambió su día a día. Comenzó a realizar ejercicio físico, a practicar deportes de riesgo y a proponerse grandes retos.

Primero corrió una media maratón, luego una maratón completa y finalmente una por el desierto.

Cada objetivo que se marcaba lo superaba con creces, aunque interiormente no encontraba la paz.

Cada día quería algo más, parecía que nada le resultaba suficiente. Terminaba un reto y ya pensaba en el siguiente. Daba la impresión de que necesitaba gritarle al mundo un “aquí estoy yo y nada me detiene”.

El tiempo pasó y poco a poco se fue alejando de su familia, amigos y actividades cotidianas, se preparaba cada aventura a conciencia, con gran dedicación, esfuerzo y tiempo.

A pesar de que la enfermedad evolucionó, la fatiga se hizo presente y comenzó con dificultad para caminar, ella no se detuvo.

Y fue entonces cuando se propuso un nuevo reto, subir al Himalaya.

Se preparó durante meses con un plan específico de trabajo, consiguió patrocinadores y el material necesario, pero cuando faltaban unos días para emprender su travesía, su padre enfermó.

©WallpaperSafari

Pero María estaba tan decidida a cumplir su reto, que este contratiempo tampoco la detuvo.

Su obsesión por lograr su objetivo le impidió ver la verdadera gravedad del estado de salud de su progenitor, por eso partió a su nueva aventura con un firme propósito, conquistar la cima y dedicarle el triunfo a su padre.

Tras unas duras semanas lo logró, pero como de costumbre eso tampoco la sació.

Cuando faltaba poco para finalizar su descenso, durante un descanso le comunicaron por radio que su padre había fallecido unos días antes de que ella alcanzara la cima.

Durante unos segundos María se quedó en blanco, no hizo nada.

Luego cogió con rabia su bastón, salió con ímpetu de la tienda de campaña y en el exterior, el dolor de su pérdida finalmente doblegó sus orgullosas piernas como nunca lo hizo la enfermedad.

Cayó al suelo, y sus ojos se convirtieron en una lluvia de lágrimas.

Después de unos minutos en el suelo, y una necesaria catarsis, finalmente comprendió que no necesitaba batir grandes retos, ni llenar de trofeos su vitrina y menos convertirse en el ejemplo de nadie.

Su verdadero Himalaya consistía en esforzarse cada día por seguir con su vida, aceptar su diagnóstico y disfrutar de esas pequeñas cosas que siempre la hicieron feliz: el amor de su familia, la complicidad de sus amigos y sus actividades cotidianas, porque ella no eligió tener esclerosis múltiple, pero sí decidió cómo vivirla.

Como dijo John Lennon, ” la vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes”.

Dedicado a mis amigos de Sanofi y a su campaña #TheWorldvsMS.

J.M. Salas – Con Tinta de Médico

Si quiere leer el post original consulte el siguiente enlace.

 

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