Los efectos del verano en las cicatrices

En verano exponemos mucho más nuestra piel al sol y al agua. Por ello, cuando se tiene una cicatriz, los cuidados deben ser doblemente intensivos en esta época del año. Si no se es responsable y meticuloso, la recuperación de la piel será muy difícil de conseguir. Claro está, que no solo depende del cuidado que tenga el portador de la cicatriz, sino que existen distintos factores que condicionan el resultado de la cicatrización: la edad del paciente, su estado nutricional, enfermedades metabólicas, la inmunodepresión o el tabaquismo.

Sin embargo, se puede asegurar que la exposición de cicatrices al sol trae consecuencias negativas para las mismas. Puede producir cicatrices híperpigmentadas, las cuales presentarán un color más oscuro que el resto de la piel; cicatrices hipopigmentadas o de color blanquecino en la cual la piel no alcanza a producir suficiente melanina. Según las Alicia Segoviano Torres y Yolanda Gil García, enfermeras de Consulta de Dermatología del Hospital Universitario Doce de Octubre, Madrid, deberíamos acudir a profesionales sanitarios cuando “existan signos y síntomas que evidencian la aparición de un proceso infeccioso, como el dolor local, inflamación y enrojecimiento de la zona, aumento de la temperatura y dehiscencia de los tejidos”.

Tanto Alicia como Yolanda, hacen hincapié en la importancia de un “buen” protector solar, “el buen uso de las cremas de protección solar es importante para la seguridad de nuestra piel, porque el hecho de que el 39% (según la AEDV) de los usuarios de cremas solares sufran quemaduras solares significa que de forma habitual se está haciendo mal uso de las mismas”. Por el contrario, no recomiendan el uso de las bandas de silicona, las cuales pueden producir eccema de contacto. En referencia al cuidado de las cicatrices en las piscinas, el mar, pantanos y ríos, las enfermeras Segoviano y Gil afirman que “pueden ser utilizadas siempre y cuando estén dotados de condiciones higiénicas óptimas”.

Las cicatrices en lugares visibles tienen, muchas veces, un impacto psicológico en los pacientes, sobre todo en las mujeres. Para paliar estos efectos se han puesto en marcha iniciativas como talleres (solo en algunos centros), donde se aprende a utilizar el maquillaje terapéutico, reduciendo de forma importante el impacto visual de una cicatriz. Aún así, “en algunos casos es necesario un psicólogo que, a nivel emocional, ayude a superar el cambio físico que supone una cicatriz”, según Segoviano y Gil.

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