Quiero pedirte perdón

Sí, así de contundente quiero empezar esta nueva entrada del blog, con un sincero “quiero pedirte perdón”

Llevo tiempo dándole vueltas, escuchando a pacientes y familiares, observando mi trabajo y a mis compañeros… pero sin duda cuando estuve escuchando el testimonio de Carmen Prieto, Aroa López y Esther Peinado, contando su experiencia como pacientes o como familiares de pacientes… un sentimiento de cierta culpa inundó mi sentir y es que no he podido dejar de pensar en la de veces que quizás no he estado a la altura de lo que necesitaba en un determinado momento mi paciente y su familia.

Quiero pedirte perdón si alguna vez te he contestado mal, si alguna vez no he sido amable, si alguna vez no he sabido escucharte o acompañarte cuando lo necesitabas.

Quiero pedirte perdón por no entender lo que estás viviendo, por no darme cuenta de que para ti yo era un apoyo, por parecer frío a veces…

Siempre intento pensar en ti, en lo que piensas y en cómo podría hacer que todo sea más fácil, de cómo evitar tu sufrimiento, de cómo cuidarte con la mayor profesionalidad posible, pero a la vez siendo lo más humano que se pueda ser.

Tanto la enfermería, como cualquier trabajo en sanidad, tiene que partir de la base de que no es un trabajo sin más, existen muchos factores que nos contaminan, cosas del sistema que fallan y que pueden ocultarnos la realidad, pero la pura verdad es que trabajamos para ayudar a la gente y al que no tenga claro esto debería de hacérselo mirar y dedicarse a otra cosa.

Este sábado pasado trabajé 15 horas, me tocó trabajar en observación y en ella atendí a una paciente que, por su grado de dependencia, pasó con su cuidadora principal, su hija. Desde el primer momento intenté que se sintieran lo mejor posible ante la situación que estaban viviendo, igual que hice con el resto de pacientes; lo primero que hice fue presentarme y explicarles que iba a ser su enfermero y que cualquier cosa que necesitaran solo tenían que pedírmelo. La paciente estaba bastante inestable, descompensándose en dos ocasiones y en la última entró en fallo cardiaco y la verdad que la situación se puso bastante complicada. En todo momento allí estuvo su hija, muy preocupada y con momentos de angustia como era normal. En todo momento intenté ofrecer lo mejor de mí, tanto para atender a la paciente como para mejorar el estado de su hija. Al acabar el turno se había estabilizado, aunque os tengo que decir que acabé agotado, me había volcado tanto a nivel físico como emocional que terminé exhausto. Al irme, la hija se levantó me cogió de las manos y me dio dos besos dándome las gracias por todo lo que había hecho y su madre desde la cama también me pidió dos besos. La verdad que no busco ningún reconocimiento, pero ese sentimiento que te da que alguien te agradezca de corazón tu trabajo y tu ayuda no tiene precio.
Así que sin querer repetirme mucho quiero volver a pedirte perdón porque, como persona que soy, en el futuro seguiré equivocándome y habrá veces en las que no esté a la altura de tus necesidades pero sí que te aviso que lucharé día a día para intentar hacer mi trabajo y mis cuidados más humanos y mejores para ti y tu familia.
Para concluir deciros que ya no sueño con un sistema sanitario más humano, ahora sé que empieza a ser una realidad.
Juan Carlos Miranda – Enfermero de Urgencias
Para leer la publicación original consulta este enlace.

 

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