La enfermería en la prevención de la hipertensión arterial

Con 43 años de experiencia a la espalda, Elena Ramos Quirós forma parte de EHRICA, la Asociación Española de Enfermería de Hipertensión y Riesgo Cardiovascular. Después de estar 20 años en el Hospital 12 de Octubre de Madrid, se pasó a la Atención Primaria. No solo ejerce como enfermera local en el consultorio de Quijorna, una pequeña localidad madrileña, sino que es la directora del Centro de Salud de Villanueva de la Cañada. Además, ha ejercido como docente en la Universidad Alfonso X El Sabio. 

Pregunta. ¿Cuáles son las principales funciones que lleva a cabo un profesional enfermero dedicado a la prevención cardiovascular? ¿En qué ámbitos sanitarios se desarrolla su labor?

Respuesta. Creo que la función principal es precisamente la prevención precoz de los síntomas que aparezcan. El problema es que cuando aparecen ya no tienen solución. La detención precoz de aquellos factores de riesgo que un paciente puede tener es lo que nos hace adelantarnos a tratar o a prevenir este tipo de enfermedad, ya sea hipertensión, diabetes, obesidad, etc. Esta labor se desarrolla en cualquier ámbito. Es verdad que en el primer escalón de la asistencia sanitaria, la Atención Primaria es donde se puede detectar con más facilidad. Sin embargo, no descartaría ningún ámbito: escolar, laboral, etc., porque ahí es donde seguramente podamos detectar con exámenes periódicos preventivos los problemas que pueden aparecer después.

P. Uno de cada tres españoles, alrededor de 14 millones, presenta valores alterados de presión arterial y se estima que casi 2 millones no lo saben. ¿Qué consecuencias conlleva tener la presión alta y no ser tratado?

R. La hipertensión, al no tener síntomas previos la mayor parte de las veces, cuando aparece trae consigo problemas en el árbol vascular, problemas cerebrales, cardiacos, renales, y problemas derivados de las consecuencias que puede tener la microvasculopatía que produce la presión arterial. El endurecimiento de las arterias derivaría en endurecimiento del corazón. Todo eso hace que la repercusión que tenga en los órganos diana del cuerpo sea muy importante, y las consecuencias que puede tener después son: problemas cardiacos, retinopatías en el ojo, nefropatía por la afectación renal, etc.

P. La prevención es fundamental en este tipo de enfermedades silenciosas. ¿Qué papel tiene el profesional enfermero en la prevención?

R. Yo creo que lo más importante está en la prevención. La enfermedad aparece y hay que tratarla, y desde luego prevenir las complicaciones. Cualquier enfermedad crónica, lo que se hace con un tratamiento es controlarla, no curarla. Desde luego el foco de atención debería estar siempre en la prevención, o por lo menos en la educación de la población para que en el primer síntoma mínimo que aparezca seamos capaces de detectarlo. Es tan fácil como que una persona se tome la presión de vez en cuando, dependiendo de la edad que tenga, con mayor o menor frecuencia. La presión arterial es la técnica que más veces se realiza en el mundo. Si tomamos la presión a esas personas que previamente no la tienen tomada, quizás seamos más capaces de detectarlo. Muchas veces lo que hacemos es tomar la presión a muchas personas enfermas y no tomarlas a las que no lo están. Por eso creo que tenemos que poner el foco de atención en la captación oportunista. Es decir, cualquier persona que aparezca en un ámbito sanitario tomarle la presión, por la causa que sea.

El personal enfermero es uno de los elementos base en esta prevención, y no es porque sea enfermera, sino porque me parece que las enfermeras somos la primera fila de contacto con los pacientes. Eso nos hace que tengamos facilidad de acceso a ellos. En la consulta de Enfermería es donde se parecen las cifras mencionales a la realidad, porque el paciente tiene menos reacción de alerta. Hay estudios que recomiendan que la tensión para diagnóstico se haga en la consulta de Enfermería por esto mismo. De esta forma, en esta consulta es donde es más real, en la consulta del médico es un poquito más alta y en la consulta del especialista es todavía más alta por los factores de reacción de alerta que supone la presencia del paciente en esos ámbitos.

P. Usted forma parte de la Asociación Española de Enfermería de Hipertensión y Riesgo Cardiovascular, a finales de marzo tuvo lugar la reunión nacional de la asociación. ¿Cuáles fueron los principales temas que trataron? ¿A qué conclusiones llegaron tras el encuentro?

R. El objetivo de la asociación fue mantener al colectivo informado e intentar que nos formemos en aspectos relacionados con la hipertensión y el riesgo cardiovascular. Sobre todo los factores de riego añadidos son los que intentamos abordar de forma más específica. En las consultas de Enfermería se abordan con mucha facilidad factores como la obesidad, la diabetes, el tabaco y otros factores que no son modificables, como la edad o el sexo, pero en los que podemos intervenir son en los que hacemos más hincapié a la hora de formar.

Parece que es verdad que en las consultas las enfermeras manejamos con más soltura y experiencia el tema “alimentación” para evitar la obesidad y sobrepeso, y todos los factores añadidos que pueden empeorar la situación. Pero se han visto, y cada vez se están estudiando más, los beneficios del ejercicio físico (denominado el quinto signo vital). Actualmente recomendamos ejercicio físico, pero nuestro objetivo es la prescripción del ejercicio como si fuera un fármaco más, como si fuera una receta. Tenemos que intentar que el paciente salga de la consulta con una receta, no con una recomendación. Porque parece que la vinculación y la motivación del paciente con una prescripción es bastante más elevada que con una recomendación de: “camine usted 1 h todos los días”. Para eso los profesionales nos lo tenemos que creer, nos tenemos que formar y a partir de ahí trasmitírselo a los pacientes.

Por tanto, yo creo que ahí tenemos un campo de actuación tremendamente grande en la adherencia terapéutica, tanto del tratamiento farmacológico como del no farmacológico. El seguimiento del cumplimiento es una labor importante nuestra, al igual que la labor educadora de la enfermera, la labor de ser capaz de formar a los pacientes y de hacerlos independientes. Nosotros no podemos sustituir al propio paciente, tiene que ser él capaz de saber que su salud es responsabilidad suya y que nosotros estamos ahí para ayudar y para acompañarle en todo el proceso, pero él es el protagonista.

P. ¿Considera que hay desconocimiento sobre la prevención cardiovascular?

R. Creo que antes se hablaba mucho más de entidades independientes, de hipertensión, de diabetes, etc. Debemos tener más interiorizado que es un problema global. Cuando tenemos un paciente delante debemos intentar ver qué riesgo cardiovascular global tiene. Puede ser solo hipertenso y tener un riesgo cardiovascular bajo, o puede ser hipertenso, fumador y obeso, y ya ese riesgo se dispara. Hay que buscar herramientas para intentar trasmitir al paciente la importancia de estos riesgos. Como esto no duele, es algo que no te da signos de alarma previos, puedes tenerlo ahí pero no interiorizas la gravedad que pueda llegar a tener el proceso.

El año pasado en EHRICA trabajamos sobre una herramienta motivadora que fue la edad vascular. En vez de emplear las clásicas medidas como el Framingham, utilizamos esta herramienta. Cuando tú le dices a un paciente que tiene un riesgo de un 5% y que va a tener un evento cardiovascular en el plazo de diez años, se queda bastante desorientado. Pero si tú a un paciente de 50 años le dices que sus arterias tienen una edad de setenta, la percepción que tiene del problema es distinta. Son herramientas con las que podemos captar la atención del paciente de otra manera.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *