El tratamiento del estrés infantil: los profesionales enfermeros y el «mindfulness» contra la sobreestimulación

Según datos de la Sociedad Española de Estudios de Ansiedad y Estrés, un 8% de la población infantil y un 20% de la adolescente sufren estrés. Estas cifras son significativas en cuanto que, según las conclusiones del estudio publicado en 2009 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, elaborado por el profesor Seth Pollack, de la Universidad de Wisconsin-Madison, en Estados Unidos, las consecuencias del estrés infantil pueden trascender lo puramente psicológico y traducirse en deficiencias en el sistema inmunológico de los afectados. 

El estrés infantil es un sentimiento de tensión, tanto física como emocional, a la que están sometidos los niños en su primera etapa que también atañe a su dificultad para asumir una situación que sobrepasa su capacidad de afrontamiento, por la incertidumbre y el miedo que les provoca. La sobrecarga de estímulos (un exceso de actividades extraescolares o una sobreexposición a la tecnología), factores educativos, como el fracaso y el acoso escolares, o elementos sociales y familiares (como la preocupación por la coyuntura económica familiar, la separación de los padres o la muerte de un ser querido), son circunstancias que influyen en el estrés que padecen los niños.

“Vivimos en una sociedad en la que los niños están sobreexcitados. Hay causas alimenticias como el abuso de azúcares en la dieta, y causas ambientales, por ejemplo, el uso excesivo de televisión, juegos de ordenador, móviles, etc.”, esta es la visión de Javier García-Campayo, psiquiatra del Hospital Miguel Servet, en Zaragoza, y director del Máster de Mindfulness del centro universitario de la misma ciudad.

La sobreestimulación y su relación con el estrés infantil

La sobrecarga de estímulos a los niños puede traducirse en futuros problemas de conducta. Debido a la acción hormonal que se produce al verse los más pequeños expuestos de forma precoz al estrés, su comportamiento puede volverse agresivo. Según palabras del doctor García-Campayo, el estrés infantil puede conllevar la aparición de enfermedades relacionadas con el descontrol de impulsos, así como con el trastorno límite de la personalidad y de la conducta y el previsible consumo de sustancias.

Por otro lado, igual que el exceso incide en el desarrollo cognitivo adecuado de los niños, la ausencia de estímulos influye, a su vez, de forma negativa en este: “La falta de estimulación hace que el sistema nervioso no se desarrolle óptimamente. Los niños deben ser estimulados en su justa medida y de forma natural para que este se desarrolle. Una adecuada educación intelectual y sensorial es clave”.

De esta forma, este psiquiatra establece la figura de los padres como lo más importante para que el estrés no afecte, de forma tan acusada, a los hijos. “Los padres son siempre la clave. Los niños imitan. Si los padres controlan bien el estrés, no discuten, no están continuamente haciendo actividades, y pidiendo a sus hijos que las hagan, y no hay ansiedad por hacer las cosas, los pequeños no lo desarrollan fácilmente”, explica el doctor García-Campayo, destacando que las expectativas excesivas, o alejadas de la realidad, de las capacidades de un niño por parte de los progenitores, así como las exigencias o las imposiciones, hacen que el estrés infantil aparezca, con las consecuencias que conlleva y que han sido expuestas anteriormente.

La Enfermería y el estrés infantil en centros sanitarios

“Todo ingreso en el hospital lleva mucha carga emocional para el niño. El salir de su vida cotidiana, ver llorar a sus padres, estar rodeados de personas desconocidas, estar sometidos a exploraciones y realización de pruebas invasivas… les hace estar sometidos a vivencias que generalmente no entienden”, así explica Raquel Arenas, enfermera pediátrica del Centro de Salud Los Cármenes, en Madrid, las situaciones estresantes que encara un niño en ambientes sanitarios.

Según nos cuenta esta profesional, los enfermeros adoptan un papel fundamental en el tratamiento del estrés infantil. Afirma que el acercamiento al niño y a su entorno familiar puede suponer una mayor facilidad en el tratamiento de esta dolencia. Por otro lado, asegura que si se escucha a los padres, si sienten que se los tiene en cuenta, y se les permite participar en todo el proceso de atención a sus hijos, se rebaja, a su vez, su nivel de nerviosismo, y se fomenta que se abran y su acercamiento con los más pequeños. Para esta enfermera, esto puede reducir los niveles de ansiedad y estrés a los que se enfrentan los niños en situación de ingreso, ya que su aparición en estas circunstancias, es decir, la separación de su ambiente cotidiano, pruebas como las canalizaciones de vías o los análisis de sangre y las vacunas, es inevitable. “Nuestra manera de acercamiento, nuestro tono de voz, cómo les hablemos, tiene que estar en coherencia con su edad, hablarles con dulzura, adecuándonos en el lenguaje y juegos a su edad. Informándolos en todo momento de lo que les vayamos a realizar, que no se sientan ignorados… Todo ello va a marcar la diferencia en su experiencia”, recalca Raquel.

En este sentido, esta enfermera coincide con el estudio de Proceedings of the National Academy of Sciences (2009) antes mencionado, en el que se resaltaba que el estrés puede significar patologías físicas, y no únicamente psicológicas, para los más pequeños. En dicha investigación se mencionaba su incidencia en el sistema inmunológico de los niños; por su parte, Raquel añade a esta problemática, que “esta situación dará como resultado un niño con ansiedad, inseguro, de llanto inconsolable… y que tenga cefaleas y dolores abdominales sin causa orgánica, vómitos y otro tipo de dolencias”.

Mindfulness y tecnología

Javier García-Campayo es, como se ha dicho, director del Máster de Mindfulness de la Universidad de Zaragoza. Esta terapia, una técnica de relajación basada en la meditación, puede aplicarse en el ámbito del estrés infantil, para su tratamiento y su manejo. La práctica del mindfulness, como eficaz regulador de las emociones que se relaciona con el bienestar físico y psicológico es, en su opinión, aconsejable también a edades tempranas para mitigar los efectos negativos que esta dolencia causa a los más pequeños. De esta forma, este psiquiatra explica que para el tratamiento infantil de mindfulness es necesario “modificar la terapia, hacerla más lúdica; acortar los ejercicios que se realizan y convertirlos en una tarea más sencilla, más dirigida. Pero es igualmente eficaz que en personas de otras edades”.

El término medio, como sucedía con la estimulación, también es el factor más relevante para tener en cuenta la exposición y el uso que los más pequeños hacen de la tecnología, tan fácilmente accesible en la actualidad.

Los recursos tecnológicos de los que se disponga, usados en la medida adecuada por la población infantil, son un complemento excelente para la educación de los niños, ya que, gracias a su morfología, resultan muy útiles para mejorar la atención, fomentar y promover el aprendizaje y para desarrollar ciertos tipos de inteligencia, como la espacial. Por el contrario, un abuso de la tecnología provoca, según palabras del doctor García-Campayo, una disminución considerable de la creatividad de los niños, así como facilita la dependencia de las herramientas digitales y el aburrimiento. Del mismo modo, Raquel Arenas aporta su punto de vista como enfermera en la influencia de la tecnología en el estrés infantil, afirmando que “dependiendo de la edad, su cerebro está aún en desarrollo y no está preparado para ese grado de estimulación. Al no poder controlarlo, les genera un nivel de ansiedad que no saben manejar. Esto puede provocar cambios importantes en su comportamiento, su reacción ante diferentes situaciones, influir en su descanso, que tengan más pesadillas, menos sueño reparador o incluso fracaso escolar”.

La importancia de los profesionales enfermeros en el tratamiento

Así, Arenas hace hincapié en lo fundamental de la labor que desempeñan estos trabajadores en los cuidados a los niños que padecen estrés, destacando que el trato humanizado de los pacientes es también un factor importante a la hora de afrontar el esta dolencia. Según palabras de Raquel: “Hay que cuidar los detalles desde que el niño entra por la puerta para que encuentre un lugar menos inhóspito, por eso últimamente se están cuidando estos detalles y cada vez son más los espacios decorados con motivos infantiles”.

Esta enfermera destaca la comunicación y que los pacientes se expresen para reducir los niveles de ansiedad y estrés, además de facilitar la presencia de los padres como un elemento común en su tratamiento, y las muestras de cariño: “Abrazos, besos y con compañía para disminuir los agentes agresivos, facilitar el juego para que expresen lo que les está pasando, permitir que tengan sus objetos más queridos, como juguetes o muñecos, facilitar que acudan psicólogos para ayudarlos a expresarse, o en casos más difíciles incluso pueden precisar tratamiento farmacológico”.

Preocupación tanto por la práctica enfermera rigurosa como por la humanización de los cuidados, y la comunicación también con el entorno familiar de los más pequeños: este es el mejor método para tratar el estrés infantil, según se desprende de las palabras de Raquel. Encontrar el punto medio en el uso de tecnologías y en la estimulación infantil: estas son las herramientas para prevenir esta dolencia, según Javier García-Campayo. Por todo ello, el papel de los profesionales enfermeros, en colaboración con la labor de los padres y el apoyo de terapias alternativas como el mindfulness, es crucial para tratar esta dolencia, que afecta a la población más vulnerable.

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