El cerebro no funciona de forma adecuada a partir de los 40 grados

Las altas temperaturas, sobre todo cuando las condiciones climatológicas las sitúan por encima de los 35 o 40 grados, afectan de manera negativa al funcionamiento del cerebro. A pesar de que el verano, por contar con más horas de luz natural al día, está relacionado con una mayor producción de serotonina, las olas de calor continuadas, como la que está padeciendo España desde hace varios días, están asociadas con patologías psicológicas como la apatía, la irritabilidad, el cansancio o el aumento de la ansiedad y la impulsividad. 

Además, el calor excesivo influye también de forma directa en el sueño. La temperatura correcta para un descanso adecuado oscila en los 21 grados. Si se da el caso de que esta sea más elevada, la actividad cerebral aumenta ante la necesidad metabólica de adaptarse a la temperatura exterior, lo que dificulta la conciliación del sueño.

El viento cálido y seco, habitualmente procedente de zonas meridionales, amplifica, a su vez, los efectos de las temperaturas elevadas. Este tipo de corriente está cargada de iones positivos, que implican una mayor incidencia de patologías depresivas, la agitación nerviosa y la agresividad al afectar de forma negativa al funcionamiento neuronal.

En este sentido, la capacidad de adaptación al medio de las personas influye, por otro lado, en la magnitud de estos factores en cada uno; es decir, los efectos perjudiciales de las olas de calor pueden perdurar unos o días o, en cambio, prolongarse a lo largo de todos los meses calurosos, en función de cada persona.

De esta forma, evitar la exposición solar en las horas centrales del día, llevar ropa holgada o hacer comidas ligeras son algunas recomendaciones y consejos útiles para minimizar los efectos negativos del calor en el cerebro.

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