La profesión enfermera en Francia

No obstante, no fue fácil el camino hasta el inicio de esta “nueva vida”. Por una parte, tras contactar con diferentes empresas mediadoras de empleo internacional, me indicaron los requisitos y documentos necesarios, como el nivel B2 de francés, diversos certificados, reconocimientos médicos y un largo etcétera que no culminó hasta enero de 2013. Fue entonces cuando, tras superar una última entrevista personal con directivos del centro hospitalario en cuestión, me notificaron mi incorporación, prevista para el 18 de febrero de 2013, con unas condiciones laborales bastante atractivas. Para ayudarme a la integración en el país, además me facilitaron ayuda para el transporte, así como el alojamiento en el propio hospital. 

Llegó el día de coger las maletas y salir de mi casa sin saber cuándo volvería, dejando atrás a familiares, pareja, amigos y una infinidad de sentimientos que no se pueden expresar en estas líneas. El viaje fue tranquilo, lo normal de un vuelo europeo, cargada de maletas. A la llegada, debía de personarme por mis propios medios en el centro de trabajo, donde fui acogida por el personal de recursos humanos: alojamiento ubicado, condiciones laborales especificadas, burocracia a seguir, etc.

En este punto empezó mi experiencia profesional como enfermera: contrato laboral de tres meses, tras superarlo, un año, y para finalizar un contrato indefinido en la asistencia pública. Es decir, nada de concurso-oposición ni méritos. Aquí, si trabajas bien, sigues, siendo tu supervisor el que se encarga de irte evaluando. Salario no demasiado alto para el nivel de vida parisino, pero lo suficiente para vivir y ahorrar algo; pero, sobre todo, una gran estabilidad profesional, posibilidad de formación o cambio de centro de trabajo.

Los inicios, como bien se sabe, son dificultosos. En mi caso me exigieron colegiación enfermera, la cual me fue rechazada en primera instancia por falta de fluidez en el francés, aun acreditando un nivel B2. Tras presentarse esta situación, el hospital me concedió un contrato como auxiliar de Enfermería en espera de cumplir los requisitos para poder ser contratada con mi categoría. Este contrato no fue más allá de un mes, pues resolví mi colegiación rápidamente. Otro de los requisitos que me sorprendió fue la exigencia de estar vacunada de la tuberculosis (vacuna fuera del calendario vacunal en España). Una vez estabilizada de manera administrativa en el ámbito laboral, procedí a los trámites burocráticos en el ámbito social: apertura de cuenta bancaria, registro en la seguridad social-mutua, etc. Trámites que no fueron dificultosos, puesto que la enfermera, sobre todo si es funcionaria, tiene un buen status social.
Como he explicado, mis breves inicios fueron como auxiliar de Enfermería. En un principio me resultó algo frustrante, puesto que era una categoría inferior a la que iba contratada, pero lo asimilé y saqué bastante beneficio de este periodo. Me familiaricé con el hospital, mejoré en la fluidez verbal y conté con el apoyo de compañeros. Tras este primer periodo llegó el momento de iniciarme como enfermera. Enfermera en formación fue mi debut durante unas cinco semanas, para habituarme a las prescripciones enfermeras, tratamientos, técnicas y, en general, al ritmo de trabajo. En este periodo siempre trabajaba en binomio.

Finalmente, tras una breve formación, comencé a trabajar de manera autónoma en mayo de 2013. En cuanto a técnicas, no existe una gran diferencia con España, simplemente con respecto a marcas comerciales, algún protocolo o simplemente en cuanto a materiales. Para mí, el núcleo diferencial de la práctica asistencial con España son las relaciones humanas que se establecen en el centro hospitalario.

Hablo de relaciones humanas en el ámbito del interequipo, y sobre todo a entre paciente-familia. Aclaro estos dos puntos: respecto al equipo de trabajo se mantiene una mera relación profesional que no va más allá de la jornada laboral. No existen las cenas de Navidad o las comidas de empresa; tampoco el quedar con tu compañera a tomar algo un viernes, por mucho que se lo plantees con antelación.

Pero no se queda solo en el equipo. En España estamos acostumbrados a tener que invitar a los familiares a liberar un espacio en la habitación para poder realizar los cuidados o simplemente por el bienestar del paciente. En Francia, en ciertos casos, no he tenido la oportunidad de conocer a los familiares de un paciente que lleva ingresado meses. El recibir una visita en el servicio se toma como algo extraño o incómodo incluso para el personal. Deduje y comprobé con el tiempo que era porque no estaban acostumbrados. Siempre hablo en términos generales, existirán, como en todo, ciertas excepciones destacables en este caso.

La relación enfermera-paciente sí existía, pero no muy profundamente arraigada en la práctica profesional. ¿Esta frialdad en el comportamiento puede influir en la evolución de los pacientes o en el bienestar del trabajo en equipo? Sería una pregunta que abriría paso a un importante debate.

Quizá fueron esas actitudes las que me empujaron, pasado un tiempo, a regresar a mi tierra de origen. Allí se entra en el servicio sonriendo, abrazando a un paciente si es necesario, cenando con compañeros en Navidad o entablando amistad con pacientes y familiares. Me traigo de vuelta ciertas amistades, experiencia profesional, pero sobre todo una enorme experiencia personal, de lo que para mí es la esencia de los cuidados: las relaciones humanas.

Espero que este relato pueda ayudar a otros profesionales de la Enfermería que se encuentren en la situación de emigrar a Francia y le sirva de guía para llevar a cabo los trámites burocráticos o, simplemente, para anticiparse a situaciones un tanto dificultosas que podrían afrontar en su llegada al país. Al mismo tiempo podrán descubrir que una vez superados estos, se estabilizarán rápidamente en el ámbito profesional y social.

Por otra parte, me gustaría destacar las diferencias entre ambos países a la hora del seguimiento a pie de cama de los pacientes por el entorno hospitalario. En España no es habitual encontrar a pacientes que no tengan visitas, pues casi todos los días las reciben, numerosas incluso. No obstante, en Francia constaté la falta de afluencia de las mismas. Para mí, la base de los cuidados enfermeros son las relaciones humanas y ese sentimiento de cariño que recibe un enfermo por parte de un familiar y que podría contribuir con toda seguridad a su mejora.

Navarro González A. La profesión enfermera en Francia. Metas Enferm nov 2016; 19(9): 77-78

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