Aprendí de ti

Es por ello que quiero compartir lo mucho que podemos aprender de las personas que sufren una enfermedad avanzada y terminal; la gran sabiduría que pueden transmitirnos y que se adquiere del sufrimiento si se es capaz de acoger, escuchar y acompañar en la enfermedad y en el proceso final de una historia de vida. Cómo pueden resurgir el amor, la alegría, el perdón, los sentimientos de paz y libertad, la propia vida y el crecimiento interior, volviéndose bellos en sí mismos como humanos, aunque la enfermedad pueda expresar lo contrario en cuerpos inmóviles, caquécticos o deformes.photodune-1333914-care-m

Es un privilegio ser enfermera y estar en constante contacto con el ser humano, compartiendo salud y enfermedad. Privilegio de una visión única e irrepetible.

Aprendí el valor de la presencia, del tono del cuidado, de la calidez, la importancia de la acogida, del acompañamiento, de la escucha, del gesto, de una caricia, de una mirada, de un beso, de un tocar la mano o, simplemente, no tener prisa. Y ante todo ello, solo tú como persona y como profesional, con capacidad para influir positivamente y acompañar al paciente en su vulnerabilidad.

Claro que la ciencia y la técnica son importantes, pero sin olvidar la humanidad que dignifica a la persona e, inevitablemente, también al profesional, a la enfermera y al enfermero.

El ejercicio profesional de la Enfermería debe llevarse a cabo desde el compromiso de trabajar con valores como el respeto a la dignidad de las personas y el deber del acompañamiento y la benevolencia, queriendo siempre el bien de los pacientes, pero también desde el valor de la fidelidad, porque la confianza que ellos depositan en nosotros nos obliga a no abandonarlos. Desde la honestidad con ellos y con nosotros mismos, conociendo cuáles son nuestros límites. Desde la valentía por el riesgo que a veces conlleva el propio cuidado. Desde la compasión por el enfermo en situación grave, acercándonos a su sufrimiento para comprender mejor qué necesita. Desde la veracidad y la confidencialidad, pero también desde el esfuerzo de informar sin destruir su esperanza. Desde la prudencia y la sabiduría frente a la toma de decisiones, deliberando, valorando y optando por aquello que consideremos que es lo mejor para el paciente y su entorno.

Y todo ello, también, desde el conocimiento y la competencia necesarios para responder a los desafíos cada vez más complejos de la ciencia y la sociedad, valores fundamentales que han de acompañar nuestra actitud para humanizar el cuidado en el siglo XXI.

Tordable Ramírez AM. Aprendí de ti. Metas Enferm abr 2017; 20(3): 79

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