Pablo Carbonell: “Una enfermera no solo cura, repara el dolor moral, algo que los médicos no pueden hacer”

Hablar en tono serio con él no es una tarea sencilla, sus palabras se disfrazan con humor, pero no enmascaran la seriedad profesional que este tipo infunde a sus trabajos. Dice que tiene poco de gamberro, en su cuenta de Twitter prefiere definirse como “cantautor plasta”.

pablo_carbonellSin embargo, este rebelde, icono de la “movida madrileña”, tiene una debilidad, que a diferencia de Aquiles, es una debilidad que le hace más fuerte, su hija Mafalda. “Egoístamente hablando, yo saco beneficio, ella es una maestra para mí”. Y es que Pablo Carbonell es de esos tipos optimistas que siempre ven el lado bueno de las cosas.

 

Pregunta.- Seguirte la pista a veces puede causar cierto mareo porque no paras: has participado en obras teatrales, series de televisión, películas, has presentado programas, dibujas y has formado parte de un mítico grupo musical (Los toreros muertos). En muchas ocasiones han dicho que todas tus intervenciones tienen “su particular toque de gamberrismo”. ¿Cuánto tienes de showman y cuánto de gamberro?

Respuesta.- (Tono serio) Tengo muy poco de gamberro, aunque pueda parecer lo contrario. En realidad he sido siempre un iconoplasta (cantautor plasta) que me he pretendido burlar de estilos musicales, he mantenido como una especie de “asilvestramiento personal”. Pero no he roto farolas, ni cabinas de teléfono, ni nada por el estilo… con mi edad no… (risas).

P.- Participaste en Hospital central interpretando al doctor Gimeno, un médico caótico y excéntrico, que sin embargo resultó ser un brillante profesional. ¿Tuviste algún tipo de formación especial para interpretar a este personaje? ¿Has asistido alguna vez a una operación real?

R.- Sí, sí que he asistido a operaciones en más de una ocasión. Es más, cuando me dieron el papel y me explicaron el personaje del doctor Gimeno, dije: “Yo no puedo decir con convicción: `le voy a quitar la vesícula esta tarde´, si yo no soy capaz de ver cómo se raja a una persona”. La primera vez que vi una película de una operación a corazón abierto me quedé impactado.

Gracias a contactos que tenía asistí a varias operaciones y realmente… me dio más pudor o escalofrío ver a una persona mayor tumbada en una mesa de operaciones, esperando a ser operada, desnuda… Todo eso me sobrecogió más que cuando cogen el bisturí. El cuerpo humano me pareció muy bonito, tenía mucho color… Yo que visito mucho las pescaderías me fijaba y me daba cuenta de que en realidad es muy parecido (risas). No me maree, me sorprendió… Además, aprendí muchas cosas que pude aplicar a mi personaje. Me aconsejaron cosas realmente importantes, por ejemplo: si te mareas tírate al suelo, que como te caigas yo no te voy a recoger (risas).

P.- En varias ocasiones has hablado en los medios de comunicación de tu hija Mafalda, que nació con problemas de movilidad. Tras varias intervenciones y tratamientos tu hija consiguió andar, algo que inicialmente os anunciaron que no sería posible. ¿Cómo hebéis vivido todo ese duro proceso?

R.- Desde el primer momento me di cuenta de que a los hijos los traemos al mundo para protegerlos, entonces al nacer mi hija Mafalda tan solo me dije: “esta niña va a necesitar más apoyo”. Me lo tomé como algo positivo, como una posibilidad de poder disfrutar más de ella. Mafalda ha desarrollado una gran fortaleza, tiene una gran capacidad de superación y sacrificio, de la que personalmente saco beneficio, egoístamente hablando, ya que es una maestra para mí. Nunca pierde la sonrisa, es algo fabuloso.

Ha sido un proceso altamente positivo, de verdad, porque además yo vengo de una familia donde mi hermana también había tenido muchos problemas, entonces en mi casa mis padres ya se dieron cuenta de que el sufrimiento de los padres no ayuda nada. Por tanto, este proceso lo hemos llevado con muchísimo optimismo, con muchísima paciencia, no era un castigo, claro está que no podíamos perdonar ni una operación, lo hemos hecho con mucho rigor, pero con mucho ánimo también.

Mafalda… es que tiene una serie de virtudes que compensa los problemas de movilidad, su cabeza viaja a una velocidad que es alucinante. Tiene un don de palabra que… igual no corre como sus amigas, pero su lengua, su capacidad comunicativa, va a una velocidad tremenda. Para nosotros nuestra hija es perfecta.

P.- ¿Qué papel tienen para ti los profesionales enfermeros? ¿Tienes alguna anécdota que puedas contarnos?

R.- Algo que con el tiempo me enteré y me resultó muy curioso. A mi abuela la cuidó una auxiliar, en el Hospital San Rafael de Cádiz, que después sería una gran cómica, Paz Padilla… ¡Qué suerte la de mi abuela que tenía una cómica para sus cuidados! Cuando yo estuve ingresado agradecía mucho el sentido del humor de las enfermeras, para mí es necesario. Es una labor muy bonita, hay que valer, porque el trabajo que hacen es fundamental para el cuidado del paciente.

P.- ¿Cuál es la próxima parada de Pablo Carbonell? ¿Dónde podremos verte?

R.- Ahora mismo estoy poniendo todo mis esfuerzo en Los toreros muertos, en hacerles un homenaje por sus treinta años de carrera y promocionar el disco. El panorama musical está muy apropiado para mezclar la vida y el humor.

Píldoras

¿Con qué palabras definirías la labor enfermera?
La reparación del dolor moral, algo que los médicos no pueden hacer.

¿Qué no falta en tu botiquín?
El jamón York de las farmacias, el omeprazol.

¿Ejercicio: en un gimnasio o al aire libre?
No soy nada de gimnasio. No me gusta el ambiente que lo rodea. Procuro ir a la piscina.

¿De qué alimento no podrías prescindir?
Del gazpacho, del pescado…

¿Un lugar para escaparse?
Medellín… ¡y que vayan a buscarme a la selva!

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