Nuestro propio mito de Sísifo

La enfermera Lola Montalvo nos da su visión particular sobre la actualidad de la profesión con un nuevo post publicado para diario DICEN. Recordamos a los usuarios que pueden consultar su blog haciendo clic en el siguiente enlace http://lolamontalvo.blogspot.com.es/

Nuestro propio mito de Sísifo

Al igual que Sísifo, la enfermería está condenada a arrastrar una piedra enorme por un barranco y, tal como le sucedió a él, cuando creemos que hemos llegado a la cima la piedra vuelve a caer y tenemos que volver a empezar. Estos castigos estúpidos eran los que los dioses imponían a aquellos que pretendían subirse a sus barbas y tocarles las narices. Nosotros, los enfermeros, debemos de haber cometido algún delito contra alguna deidad, porque desde el inicio de la enfermería como profesión sufrimos idéntico castigo y arrastramos idéntico piedrolo sin conseguir jamás encumbrarlo y, poder al fin, deshacernos del bolón y de su ominosa carga.

En nuestro caso, nuestro dios castigador nos obliga a estar en un nivel de dependencia profesional (legislativa y de funciones) que no se ajusta a la realidad que muchos creemos que nos corresponde hoy día y que nos proporciona un perfil de ayudante obediente que nos irrita y nos ofende. Y que es totalmente falso.

expertos-sisifoY nuestro dios castigador no es ese que domina con puño de hierro, precisamente, las altas esferas de la sanidad. No. Nuestro dios castigador somos nosotros mismos. Nuestra inoperancia, nuestra desidia para lograr nuestras supuestas metas. Nuestra condición de pusilánimes y acomodaticios a la sombra de otros es el elenco de anti-virtudes que nos condena a estar donde estamos y a ser lo que somos. Nuestros más altos representantes inadecuados que en sus apariciones públicas nos dejan en un lugar peor del que se tenía cinco minutos antes de ponerse ante los medios. Todo ello, además, facilita y posibilita esa invisibilidad que tanto nos preocupa e invita a la tiranía insultante a nivel profesional que nos dedican con denuedo aquellos que siempre se sentirán moralmente y a años luz por encima de nosotros, en la figura visible de la Organización Médica Colegial (OMC), ese ente de límites indefinidos como solo puede serlo un grupo de siglas, con un poder de decisión sobre nuestra profesión que me preocupa y me afianza en mi opinión de que son un lobby. Eso sí, defienden lo suyo a muerte. Nosotros lejos de tener un lobby, tenemos un lobito.

El que se nos tache públicamente de «peligrosos» en nuestra labor cotidiana de prescribir, el que se nos eche de las unidades de gestión y no se nos deje asomar la nariz en donde se deciden cosas; el que sigamos siendo cuasi invisibles para la sociedad, el que se obvie nuestra labor, el que se sigan olvidando de que nuestra labor es imprescindible para que la sanidad funcione, es culpa nuestra. Nuestra y de nuestros representantes; muchos esperamos más esfuerzo, más garra, más luchar por nuestros intereses, pero sin insultos y con diálogo. Creo que si no cambiamos algo en nuestra actitud como profesión esa bola enorme la seguiremos portando por esa montaña hasta el fin de los tiempos.

A estas alturas, me resigno y me digo que menos mal que somos Sísifo y no Prometeo. Hasta para los castigos hay suerte.

Lola Montalvo Carcelén. Enfermera.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *